La leyenda dice que en medio del conflicto el Dios guaraní, Ñandeyara, se le apareció en un sueño y le advirtió: “No quieras derramar sangre de tus semejantes”.
Tras el sueño, según supo la Agencia Noticias Argentinas, decidió renunciar a la milicia y convertirse en justiciero. Se destaca que le robaba a los ricos, curaba a enfermos y vengaba a las personas que habían sufrido alguna desigualdad.
Mientras combatía, fue detenido y sentenciado a la pena de muerte, por lo que se dictaminó su traslado hasta la ciudad de Goya. Sin embargo, a pocos kilómetros de llegar a Mercedes, fue ejecutado y por este motivo es que cada 8 de enero se conmemora su figura religiosa.