Dedieus recordó que los comienzos se remontan a 1994, cuando el proyecto comenzó a gestarse gracias al impulso de referentes como Avillalla y Alejandra Antonio. Los primeros encuentros se realizaban en el Club Social, donde empezaron a construir lo que luego sería un emblema del teatro en Sáenz Peña.
De allí surgieron obras como Tormentas, profundamente ligadas a la identidad local, y más tarde El regreso del gran poder, que consolidó al grupo y permitió llevar su trabajo a distintos puntos del país, con giras por La Pampa, Mendoza y otras provincias.
“Cada vez el grupo estaba más consolidado, más apasionado. Ya no había horarios, vivíamos el teatro con una intensidad total”, recordó.
También mencionó otras producciones como El silencio de las…, donde nuevamente se reflejaban historias de la tierra y la comunidad.
Con el tiempo, los caminos se diversificaron: algunos integrantes continuaron en el grupo original, mientras que Dedieus formó un nuevo espacio junto a otros compañeros. Sin embargo, su vínculo con la Sala Septiembre sigue intacto:
“El teatro me capturó la vida. Es algo maravilloso, que va más allá de un texto. Es libertad, es sentir, es expresar lo que uno lleva adentro”.
Finalmente, dejó una reflexión sobre el público y la esencia del teatro:
“Uno sube al escenario, ve a la gente, siente ese aplauso… hay cosas que la gente no se anima a decir, y el teatro las dice por ellos. Ese abrazo final es lo más hermoso”.