Todos los diplomáticos de carrera de la Cancillería afirman que existe una relación muy fluida entre los funcionarios de Itamaraty y los profesionales argentinos, “pero arriba no hacen otra cosa que torpedear un vínculo que es estratégico por donde la mires. Brasil y Argentina estamos condenados a la cooperación. Lo actual es un infierno”.
Durante el mes pasado, Javier Milei viajó a Miami donde, junto a Trump, protagonizó la Cumbre del Escudo de las Américas. De ese encuentro de presidentes latinoamericanos de derecha fueron específicamente excluidos Brasil, México y Colombia, tres países claves del continente. Unos días antes, el ministro de Defensa, Carlos Presti, rubricó una declaración para “combatir el narcoterrorismo”, convirtiendo a las fuerzas armadas en fuerzas de seguridad, algo prohibido por la Constitución. La reunión se realizó en la sede Comando Sur, la coordinó el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y también se marginó a Brasil, Colombia y México. Es decir que, en dos eventos de máxima importancia geopolítica, el gobierno libertario acompañó la exclusión y la marginación de Brasil. Estas movidas se suman a la inexplicable decisión de no ingresar a los Brics, después de años de gestiones, alejando al país de jugadores globales como China, Rusia, India, Sudáfrica y una multitud de otras naciones que se sumaron a esa alianza. El destrato abarcó el Mercosur, la Celac -Argentina boicoteó la reciente reunión en Bogotá- y se abandonó casi toda política orientada a los países latinoamericanos. El gobierno seguramente argumentará que la idea es tener el respaldo del país más poderoso del planeta, Estados Unidos, pero la objeción es que lo que encaja con los intereses del país y también con el reclamo de Malvinas es mantener buenas relaciones diplomáticas con todos los países. No hace falta deteriorar la relación con Estados Unidos que, en rigor de verdad, es más bien con Donald Trump y que tiene el problema de que es un mandatario que atraviesa su peor momento dentro de su propio país.
“Las cosas no son gratis -le redondeó un veterano diplomático a este diario-. En nuestra reivindicación de Malvinas se nos aleja un aliado decisivo, Brasil, y ya teníamos lejos a Chile. Significa que dos de nuestros vecinos están en relaciones fuertes con el Reino Unido, o sea los que se apropiaron de las islas”.
Hace muy pocos años, se formularon planes para que Argentina y Brasil emprendan la construcción de submarinos. Quedó en la nada. Brasil presentó la semana pasada el primer caza supersónico F-39E Gripen, en sociedad con la sueca Saab y la brasileña Embraer. Argentina quedó marginado de un proyecto de ese tipo, además bloqueado por el Reino Unido. Todo el vínculo Brasil-Argentina está en franco deterioro e impacta directamente en la causa Malvinas. Del otro lado, el Reino Unido no sólo consolidó el saqueo pesquero, sino que avanza en la exploración petrolera, minera y tiene en desarrollo un puerto que servirá como entrada a la Antártida.
La pérdida de aliados no es únicamente entre los vecinos. El voto en Naciones Unidas contra el reclamo africano de que se declare a la esclavitud como el mayor crimen de la historia terminó enfrentando al gobierno con 54 países de Africa que vienen apoyando los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas. La Argentina votó sólo con Estados Unidos e Israel, los únicos países que se opusieron a la reivindicación africana. Al mismo tiempo, el respaldo de la Casa Rosada a Washington y Jerusalen, en la ofensiva contra Irán, implicó una ruptura con los países islámicos, que también apoyaban a la Argentina en la causa Malvinas. El gobierno redondeó el alineamiento con una sobreactuación el martes, declarando grupo terrorista a la Guardia Revolucionaria de Irán, una especie de ejercito paralelo del país persa. Como es obvio, la movida carece de trascendencia en el marco de una guerra que ya de por sí tiene a la Guardia como uno de los contendientes: el único significado es hacerle un gesto más a Estados Unidos e Israel, diferenciándose de Europa que se aleja y cuestiona cada vez de manera más rotunda a la guerra en Medio Oriente.
El brutal aislamiento del gobierno de Milei deriva en que un conflicto que abarcaba a una mayoría de los países del mundo, que también representaba una cuestión continental, ahora se convierte en algo así como un conflicto apenas bilateral. Y tras la firma en París del acuerdo estratégico Brasil-Reino Unido, el hecho objetivo y concreto es que la principal potencia de Sudamérica, Brasil, acuerda objetivos comunes con la potencia ocupante.
Nada más y nada menos.