Respecto de otros imputados, como Iara Daniela Ibarra, Celeste Magalí González Guerrero y Ozorio, reiteró que su vínculo era secundario y vinculado a “changas” que le ofrecía su jefe.
Luego del hallazgo de los cuerpos, el joven relató que increpó a Ozorio por lo ocurrido y que luego huyó junto a él hacia la frontera con Bolivia, donde cruzaron en un bote. Después se dirigió a Perú, donde fue detenido siete meses después en Pucusana, a unos 70 kilómetros de Lima, mientras viajaba escondido en un camión. Fue extraditado y puesto a disposición de la Justicia argentina.
El imputado también reconoció fotografías de los encuentros previos con las víctimas, la pistola y balas halladas en un allanamiento, y aclaró que no es apodado “Pequeño J”, sino solo “J” o “Tony”. Negó vínculos más profundos con la organización y sostuvo que actuaba bajo las instrucciones de Miguel Ángel, a quien describió como una figura de confianza que le exigía “siempre con respeto”.
En un tramo final de su declaración, Valverde Victoriano pidió disculpas a las familias de las víctimas. “Disculpas por la tragedia que hicieron esos tipos”, expresó, y agregó que comprende el dolor que sienten porque él mismo perdió a su padre y sabe “lo que se siente perder un familiar, más cuando es un hijo”. Dijo que perder a sus hermanas o a su madre “le dolería hasta el alma”.