El costo fiscal de la Ley de Financiamiento era del 0,2% del PBI en 2026. Unos 1400 millones de dólares, lo mismo que embolsaron las grandes agroexportadoras por la quita de retenciones de septiembre del año pasado. Pero como la aplicación no es retroactiva, cada mes que el Gobierno demora en cumplir le significa un importante ahorro de más de 100 millones de dólares.
Esto le permite fortalecer un superávit amenazado por la baja de la recaudación y los intereses de la deuda, como el propio FMI señaló en la última revisión del acuerdo —según el Fondo habría un déficit de 0,8%—. Suponiendo que la Corte Suprema falle pronto, los salarios y presupuestos recuperarán los niveles previos al recorte, pero no lo que perdieron durante 31 meses consecutivos.