Con un discurso menos extravagante y sin ejemplos polémicos, probablemente por el tirón de orejas que recibió dentro del Gobierno por sus últimos traspiés, Federico Sturzenneger destacó el crecimiento del PBI y las expectativas a futuro.
“Sé que a veces, por el trabajo que hacemos, se nos mira como que somos un poco áulicos”, arrancó Sturzenegger. “Yo digo que nosotros no somos áulicos, nosotros somos plomeros. Nos metemos en la base de los edificios, con las cloacas, limpiamos los caños. No hay nada más terrenal y menos áulico”, aclaró en referencia a las desregulaciones de las que se encarga.
Su ejemplo de lesionados jugando al fútbol en medio del debate por la Reforma Laboral, su negligencia para no aceptar cambios en las modificaciones de la Ley de Tierras, pero sobre todo su decreto para reformar el servicio de practicaje que en los hechos paralizó el comercio exterior, provocaron un enorme malestar en el Gobierno, motivo por el cual “se le bajó el perfil”.
Un modelo primario sin valor agregado
“A las exportaciones agrícolas le sumamos las exportaciones de petróleo, que son completamente estables a lo largo del año”, sostuvo. Es cierto que en 2025 Argentina tuvo superávit energético por primera vez en su historia y las proyecciones indican que el número será cada vez más alto, achacárselo a Milei es impreciso.
Ese proceso es y será resultado de políticas de Estado a largo plazo, las cuales comenzaron con la estatización de YPF en 2012. De hecho, con el RIGI el Gobierno les ofreció concesiones que ni siquiera las empresas pedían, para inversiones que en muchos casos ya se habían anunciado, y que imposibilitarán la acumulación de dólares por parte del Banco Central ante la no obligación de liquidar divisas.
También obvió el hecho de que los sectores que más crecen no son generadores de empleo masivo, a diferencia de los que vienen en caída como industria, comercio y construcción: los ganadores del modelo generan el 10% del trabajo registrado y los perdedores el 50%.
Sturzenegger volvió a repetir que “2 millones de personas se van a mudar a Neuquén”, pero al mirar al gobernador Rolando Figueroa, lo citó: “Por el amor de Dios, Federico, explicá que esa estimación es en los próximos 30 años”, ironizó.
También agregó que “1 millón de personas se van a mudar a San Juan y Catamarca y otro millón a Jujuy y Salta”. Es cierto que más allá del empleo directo, la economía está encadenada y alrededor del petróleo y la minería se generan servicios y eventualmente, construcción —hasta el momento muy marginal—, pero el Gobierno no se está encargando de la infraestructura necesaria para eso.
La obra pública está prácticamente frenada y a pesar del plan de privatizaciones de rutas nacionales a través de licitaciones que está llevando a cabo el Gobierno, y el cual Sturzenegger elogió, hasta el momento casi no hay refacciones y las rutas están en un estado calamitoso.
“La baja del déficit hizo una gran redistribución del resto de la sociedad a los sectores más desfavorecidos”, agregó el Coloso. La referencia es a lo que llaman “el impuesto inflacionario”. La inflación afecta especialmente a los sectores más pobres, pero llamarla impuesto no es más que un abuso del lenguaje en pos de establecer un discurso pro libre mercado.
Antes de Sturzenegger habló el viceministro de Economía José Luis Daza y reiteró esta idea de que “el Gobierno logró superávit respetando todos los contratos”. El ajuste se basó principalmente en el recorte a la obra pública —incumpliendo la ley que establece que el 28% del Impuesto al Combustible debe ir a obra pública—, incumpliendo la Ley de Financiamiento Universitario y recortando medicamentos a los jubilados, salarios públicos, entre otros tantos.
El Gobierno sí ha incumplido e incumple contratos para lograr el superávit, aunque no el tipo de contratos a los que suelen hacer alusión. Entre ellos el famoso “contrato electoral” cuyo mantra principal era “el ajuste lo va a pagar la Casta”.