Dentro de la Cancillería, en los últimos años solo se hablaba de la Doctrina Plaza. En realidad, la embajadora en Londres, Mariana Plaza, nunca expresó una política distinta a la ordenada por la Casa Rosada y, sobre todo, Washington. La guía fue el pacto Mondino-Lammy, firmado por la ministra argentina y el canciller británico, Davi Lammy. Por primera vez se permitirían vuelos a Malvinas, desde San Pablo, sin escalas en la Argentina, se desmantelaron controles de pesca y se dio vía libre a la explotación petrolera, cuando ya el proyecto Sea Lion estaba en marcha. Sobre esa base, Plaza congeló cualquier reclamo: la orden era alinearse con Washington, Londres, y los negocios.
Como es obvio, la Secretaría Malvinas de la Cancillería estaba en la misma sintonía. O peor. La funcionaria a cargo, Paola Di Chiaro, probritánica, tampoco amagó con protesta alguna. Se ocupó de coordinar acciones con el Foreign Office para concretar el programa Future Leaders Programme Argentina, en la que participa una organización macri-mileista, la Fundación Global, y el programa Chevening de la Embajada Británica. El temario se basa en aspectos de defensa, seguridad marítima e hidrocarburos, es decir, muy lejos de las denuncias anunciadas el jueves. Los seminarios terminarán en la residencia del embajador británico, suficiente para diagnosticar el contenido de lo que suscribe, nada más y nada menos, la Secretaría de Malvinas.
Condecoración y silencio
El embajador de Israel en Buenos Aires terminó su misión en la semana que pasó y, antes del regreso a su país, el canciller Quirno lo despidió y condecoró con la Orden de Mayo al Mérito en el grado de Gran Cruz, creada para honrar a ciudadanos extranjeros cuyos servicios merecen la gratitud de la Nación.
Los diplomáticos de carrera sostienen que el embajador debió ser citado a la Cancillería para formularle una advertencia: una empresa de su país está liderando la extracción de petróleo, algo penado por la legislación argentina. No importa que se trate de una empresa privada: las autoridades gubernamentales tienen potestades de control e instrumentos para marcarle la cancha a las empresas.
Pero esos diplomáticos de carrera también mencionan que la Argentina tiene otros caminos. Presionar con poner en pausa varios contratos. Se está poniendo en marcha el proceso de cambio en las Fuerzas Armadas de los antiguos fusiles FAL por los fusiles IWI Arad, fabricados por la empresa Israel Weapon Industries. También hay contratos, menos conocidos, para la compra de material de seguridad e inteligencia.
Es evidente que en la Casa Rosada conocen todos estos caminos, pero el supuesto giro es solo una simulación. En esencia, no abandonan la Doctrina Plaza. Es solo adecuarse al discurso de Donald Trump y, en especial, intentar una maniobra electoral: que la opinión pública ponga la mirada en una causa patriótica que tiene en el corazón, más aún desde que se vio la bandera que exhibieron los jugadores de la selección, y la saque de las penurias de no llegar a fin de mes o de la incertidumbre del peligro de perder el trabajo.