Imaginate una tarde calurosa de 27 grados en la localidad de Funes, en el sur de Santa Fe. El cielo se encapota, cae una fuerte tormenta y, con ella, piedras de granizo del tamaño de un huevo. Hasta ahí, una tormenta fuerte como tantas otras en la provincia. Sin embargo, cuando el temporal pasó, los productores rurales de la zona notaron algo que desafiaba la lógica: el granizo permanecía intacto sobre la tierra durante horas, resistiendo el calor del suelo santafesino como si el tiempo se hubiera congelado.