Miguel Romero es un martillero público sin antecedentes en gestión tecnológica ni trayectoria técnica dentro del organismo. Sin embargo, desde su llegada se dedicó a recortar la mayor parte de actividades. Durante la reunión que encabezó, la frase que más ruido generó llegó sin rodeos. “El que no acuerda se corre o lo corremos”, lanzó Romero, y justificó el rumbo con una lectura crítica del organismo. “Cuando la gente se pregunta qué está mal el INTI nosotros respondemos la estructura porque se corrió el eje y eso lo hace burocrático y administrativo”.
También buscó resignificar la imagen pública del instituto. “La gente conoce al INTI porque cortan la General Paz pero deben conocerlo por el desarrollo y la innovación”, afirmó, y reforzó esa idea con otra definición. “El INTI está pensado para desarrollo e innovación no para un rol administrativo”. El cierre volvió sobre el orden interno. “Vamos a seguir con el ordenamiento interno”, dijo, y agregó una frase personal. “Estoy al tanto de todo lo que pasa porque tengo olfato de abogado”. Finalmente, anticipó cambios operativos. “Vamos a integrar todos los sistemas”.
El INTI atraviesa una crisis inédita impulsada por las políticas del gobierno de Milei, con eliminación de incumbencias y estructura, el cierre de más de 20 unidades de extensión, la pérdida del 25 por ciento de su dotación de trabajadores y un recorte del 47 por ciento de los fondos. En ese escenario, en agosto de 2025 fue designado Romero como presidente del organismo, una decisión que ya había generado polémica por no tener experiencia en ciencia.