La jornada de 12 horas que a veces cumplen los vigiladores es más amigable que las 15 o 17 que meten algunos arriba de la bici o la moto si la tienen.
En la cola lo que reina, además de la esperanza, es el desconcierto. Vinieron porque vieron un aviso, se presentaron, completaron una solicitud y ahora hacen fila para entregarla, pero nadie tiene certezas, ni del salario, ni del horario, ni de las condiciones de trabajo.
Uno de ellos, prolijamente vestido con zapatos y camisa negra a pesar del calor, eleva la voz por encima del resto. “El sueldo bruto de convenio es de un palo y medio. Hay un plus por nocturnidad de 300 lucas”, explica. En voz más baja confiesa: “la verdad es que no todas las empresas cumplen el convenio”.
La situación en el sector, que en organizaciones sindicales de otras actividades estalló con acusaciones de “reforma laboral de hecho”, hizo que el año pasado surgiera una organización alternativa a la que conduce el histórico Ángel García, el titular de Unión Personal de Seguridad Republica Argentina (Upsra) que volvió tras una intervención en tiempos de Macri. Se trata de la Federación Argentina de Trabajadores de la Seguridad Privada (Fatrasep), encabezada por el patagónico Julio Gutiérrez. La aparición de un nuevo actor, especialmente en el ámbito paritario, dotó al sector de cierto dinamismo.
Sin industria no hay servicios
Los aspirantes no saben exactamente cuántos puestos hay que cubrir per escucharon que se trata de “un servicio grande”. Otro arriesga que es para la planta de Mercedes Benz de esa zona, que comienza a producir y exportar la Sprinter automática.
Si así fuera, queda expuesta la capacidad multiplicadora de la industria y se confirma que el daño que hacen los cierres de industrias, como el de Fate, la cercana Lamb Weston, ILVA o cualquier otra, va mucho más allá de los empleos directos. Desde el comienzo de la gestión libertaria se perdieron más de 20 mil empresas y 200 mil empleos.