En el último tramo de 2025, el coeficiente Alcance de Pedido Promedio (APP) promedio evidenció una tendencia ascendente en la cantidad de pedidos requeridos para alcanzar distintos niveles de ingresos. En el caso de la Canasta Básica Total para un hogar tipo de cuatro personas, se pasó de 421 pedidos en octubre a 436 en noviembre y a 454 en diciembre. Esto representa un incremento de 33 pedidos en el trimestre, equivalente a una suba del 7,8%.
La misma dinámica se observa en otros indicadores vinculados al consumo cotidiano. La Canasta Básica Total individual aumentó de 130 pedidos en octubre a 140 en diciembre, lo que implica 10 pedidos adicionales en tres meses. Por su parte, la Canasta Básica Alimentaria individual pasó de 58 a 63 pedidos, con una suba de 5 pedidos (8,6%). En cuanto a los costos de crianza, cubrir la canasta de un niño promedio demandó 162 pedidos en octubre y 170 en diciembre, mientras que en el caso de un bebé el requerimiento subió de 146 a 152 pedidos.
Los gastos asociados a la vivienda también reflejaron incrementos. El alquiler de un monoambiente en la Ciudad de Buenos Aires pasó de 158 pedidos en octubre a 167 en diciembre. En tanto, el alquiler promedio se elevó de 232 a 244 pedidos, es decir, 12 pedidos más en el trimestre. En tanto, para alcanzar el Salario Mínimo, Vital y Móvil se necesitaron 110 pedidos en diciembre, frente a los 106 de octubre.
Algunos parámetros se mantuvieron estables durante el período debido a su propia metodología de cálculo. El ingreso promedio trimestral —que se estima justamente en períodos de tres meses— permaneció en 328 pedidos, mientras que la cuota mensual del Monotributo categoría A continuó en 12 pedidos. El costo de llenar un tanque de nafta, por su parte, se sostuvo alrededor de los dos pedidos.
El telón de fondo: empleo y salario en retroceso
El contexto macroeconómico agrava la situación. De acuerdo con el informe académico citado, el empleo asalariado formal cayó 0,2% en noviembre, con 13.100 puestos menos en el sector privado y 13.000 en el público.
En paralelo, el salario mínimo perdió 1% de poder de compra en enero y el salario promedio real mostró retrocesos tanto en el sector privado como en el público. En los últimos meses, los aumentos nominales quedaron sistemáticamente por debajo de la inflación.
Esta dinámica expulsa trabajadores hacia formas más precarias o independientes de empleo, como el reparto en plataformas digitales. Sin embargo, lejos de representar una salida sólida, estos esquemas también quedan atrapados en la crisis económica.
La consecuencia es clara: para cubrir la canasta básica y los costos fijos, los trabajadores deben extender su jornada y aceptar más pedidos, incluso en horarios de menor demanda.
El avance de las plataformas digitales como Rappi coincide con años de inestabilidad laboral. Pero en el escenario actual, el modelo muestra signos de tensión.
Con menor poder adquisitivo general y mayor competencia entre repartidores, el ingreso promedio se diluye. El informe advierte que esta dinámica puede profundizar la precarización si no se abordan los problemas estructurales del mercado laboral.
En definitiva, la crisis económica no solo reduce puestos formales y salarios reales: también incrementa la presión sobre los trabajadores de reparto, que necesitan cada vez más pedidos para sostener su nivel de vida.