Factura Issin La factura del 9 de marzo. (Imagen Web)
De acuerdo al relato de Grandio, el viaje lo costeó el jefe de Gabinete, aunque él realizó la compra. “Lo pagó con plata del Estado. Me lo pagó a mí y yo le pagué a la compañía”, aseguró el amigo de Adorni cuando estalló el escándalo. En la conferencia del miércoles, el funcionario, ofuscado y nervioso, se sumó a ese guión. “Estoy cansado de decirles que el viaje lo pagué”, lanzó. Sin embargo, ninguna de las facturas están a su nombre. ¿Cómo lo pagó? Consultado por los acreditados en Casa Rosada, prefirió no dar detalles. Se victimizó e increpó a los periodistas. “No tengo por qué explicar una transacción privada. Vos no sos juez”, respondió.
Lo cierto es que la productora del conductor de televisión tiene contratos con el Estado. Por ende, el abono del viaje podría ser entendido como una retribución de favores, una dádiva. El juez Ariel Lijo, a cargo de la investigación, tomó medidas en ese sentido. A pedido del fiscal Gerardo Pollicita, le solicitó a la TV Pública que le entregue todos los contratos que tiene con la firma Imhouse de Grandio. Caso contrario, podría requerir que allanen las oficinas.
Lijo, además, se quedó con la causa por el patrimonio de Adorni que tenía la jueza Servini. De esta forma concentrará las dos investigaciones. El otro expediente que enfrenta el funcionario está en manos del juez Daniel Rafecas por el viaje de su esposa en el avión presidencial a Nueva York.
El argumento del vocero fue que su pareja ya tenía el pasaje comprado para el 26 de febrero, en una línea comercial, pero que a raíz de un cambio de agenda decidieron que vaya con la comitiva oficial. “La invitó el Presidente”, se excusó. Ese pasaje es otro gasto muy difícil de explicar, 5.348 dólares, en el mismo mes en que erogó 8.000 dólares para ir unos días a Punta del Este. Los números no cierran. Sobre todo, teniendo en cuenta que en ese momento cobraba 3.500.000 de pesos.
Más propiedades que la avena
“Todo lo que tiene que estar declarado, está declarado”, dijo Adorni y segundos más tarde dio a conocer que ya no reside en el mismo lugar que habitaba antes de ser designado vocero presidencial. Se mudó de la calle Asamblea, en Parque Chacabuco, a un departamento en la calle Miro al 500, la zona más cara de Caballito. Respecto a esta propiedad hay dos puntos atendibles. Primero, que no figura en la declaración jurada. Sin mencionarlo, el jefe de Gabinete deslizó que lo incorporará en la próxima presentación, aunque no brindó mayores detalles. ¿Llegará a mitad de año? Segundo, a precio de mercado, el inmueble costaría más de 300.000 dólares. Es una cifra que sería incompatible con los ahorros declarados por el funcionario (48.000 dólares) y muy difícil de justificar si se tiene en cuenta que no vendió ninguna otra propiedad.
Edificio de la calle Miro 546, residencia de Manuel Adorni
Edificio de la calle Miro al 500. Edificio de la calle Miro 500. (Sandra Cartasso)
En los documentos oficiales solo aparecen el departamento de Parque Chacabuco, cuya titularidad comparte con su esposa Bettina Angeletti, y el de La Plata, que figura como “donación”. Nada dice de la vivienda en Caballito. Tampoco de la casa en el country Indio Cua, ubicada a unos metros de la cancha de golf y a unas cuadras de la caballeriza del club. Esa propiedad oscilaría entre 129.000 y 249.000 dólares. Las expensas, a nombre de su pareja, rondan los 700 mil pesos.
Todo esto, Adorni no lo negó en la última conferencia. Solo intentó bloquear las preguntas de los periodistas bajo el argumento de que brindar precisiones podría entorpecer los procesos judiciales en curso. Lo único que sí desmintió es el trascendido que hablaba de otra vivienda de al menos 500 mts2 en la localidad de Martínez. “Me inventaron una mansión en Martínez de un millón de dólares”, se quejó y lo englobó en una “operación política” en su contra.
Con las defensas bajas
La crisis institucional que se desató hace tres semanas por el viaje de Bettina Angeletti a Nueva York no encuentra techo. La foto viralizada del jefe de Gabinete y su pareja visitando la tumba del rebe Lubavitch, el jet privado a Punta del Este y las propiedades no declaradas le quitaron al Gobierno el dominio de la agenda pública. “Para mí la discusión está terminada”; lanzó el miércoles desesperado, aunque sus explicaciones no convencen ni a sus compañeros de espacio. Milei, sin embargo, lo sostiene en el cargo. Incluso hoy lo volverá a ubicar a su lado en una actividad pública. El relato de la austeridad y la “moral como política de Estado” se cae en picada.