El antecedente más cercano que recuerdan en el sector por la polémica es de 1992, cuando un brote de aftosa en Bariloche obligó a hacer un cordón sanitario para evitar el contagio y se sacrificaron unas 6.000 ovejas de la empresa Benetton, una de las textiles líderes en el mundo en aquella época. La intervención veloz del SENASA logró contener la enfermedad.
Hoy, en cambio, el escenario aparece más incierto. En el sector temen que, en caso de medidas extremas, el Estado en manos de los libertarios no derive los recursos necesarios para enfrentar el virus ni para compensar a los productores afectados, lo que podría derivar en quiebras en cadena.
"Hay que ser muy cautos", advirtió una autoridad sanitaria que sigue de cerca la evolución del brote. Por ahora, el foco está bajo análisis y las próximas semanas serán decisivas para determinar si se trata de un episodio controlable o del inicio de un problema mayor para la ganadería argentina que venía festejando las desregulaciones.