Fundada en 1938, SanCor nació como la unión de cooperativas de Santa Fe y Córdoba, convirtiéndose en el corazón del desarrollo regional. No solo producía lácteos, impulsó la electrificación rural, creó SanCor Seguros, el Banco Rural y formó a los técnicos más destacados del país. Fue, durante décadas, el modelo de éxito del cooperativismo nacional.
Motor de infraestructura, donde llegaba la cooperativa, llegaba la luz, los caminos transitables y la tecnificación. Su poderío era tal que dio origen a empresas satélites líderes en otros rubros.
Hace dos décadas, la situación de SanCor ya era desesperante. En aquel momento, la empresa se encontraba al borde del cese de actividades. Mientras el mercado sugería una salida privada a través de grupos internacionales, el entonces presidente Néstor Kirchner optó por una solución de tinte geopolítico. La llegada de Hugo Chávez al país selló un acuerdo que hoy se lee como un hito de la época: un crédito de 135 millones de dólares proveniente del Banco Nacional de Desarrollo de Venezuela (BNDES).
Este flujo de divisas no fue un subsidio a fondo perdido, sino un intercambio comercial de escala. El compromiso obligaba a SanCor a proveer 15 millones de toneladas de leche en polvo durante un plazo de 12 años, además de transferir tecnología mediante el desarrollo de plantas lácteas en territorio venezolano.
Durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner (2003-2015), la producción de leche en el país alcanzó el récord de récord de 11.600 a 11.800 millones de litros anuales. En 2003, la era de unos 7.951 millones de litros.
Diez años después de aquel salvataje, la historia se repitió con un guion diferente. La agonía comenzó en 2017 con una reestructuración profunda. Se estimaba que la cooperativa necesitaba entre 400 y 450 millones de dólares para mantenerse a flote. A diferencia de la intervención de 2006, la administración de Mauricio Macri -al igual que la actual de Milei- mantuvo una postura de distancia, negándose a gestionar o avalar créditos.
El colapso incluyó el cierre de plantas y la venta de marcas icónicas (como la línea de yogures y postres a ARSA, que luego también presentó quiebra). Durante el gobierno de Alberto Fernández, los intentos de crear un fideicomiso de rescate fracasaron. La empresa quedó en una inercia de deudas y pérdida de mercado que culmina en su desaparición formal.
Durante estos años, de las 12 plantas originales, solo 6 permanecieron bajo su órbita tras la venta de activos clave a competidores.