Jamás se sabe lo que ingresa. No hay balances públicos de lo recaudado en temporada: ni por camping, ni por entradas, ni por concesiones en la playa. La temporada pasa, los turistas se van, y las cuentas quedan en penumbras. Sin rendición, no hay control. Sin control, no hay confianza.
Recaudación sin traducción
Lo poco que se intuye que entra, no vuelve. Las calles siguen de tierra, el alumbrado es deficiente, la recolección de residuos colapsa en enero y febrero, y el hospital se sostiene a fuerza de voluntad del personal. Si la recaudación turística no se traduce en obras, ¿para qué se cobra?
Coparticipación fantasma
La coparticipación provincial y nacional llega. Es ley. Pero en Villa Río Bermejito tampoco se ve reflejada en servicios básicos. Agua potable intermitente, caminos intransitables después de una lluvia, espacios públicos abandonados. El dinero viene, pero no aterriza.
La culpa siempre es del otro
El intendente Omar Reis apunta a la gestión de Leandro Zdero. Que la Provincia no manda, que la Nación recorta, que la herencia recibida. El juego de culpas es viejo y cómodo. Mientras se tiran la pelota, el abandono avanza y la villa retrocede.
Lo único concreto: la desidia
Cambian los gobiernos, cambian los nombres, pero el resultado es el mismo. La villa turística se sostiene por sus vecinos y por el empuje privado de quienes invierten en cabañas y servicios. El Estado municipal aparece para cobrar, pero desaparece para gestionar.
Villa Río Bermejito no necesita discursos. Necesita transparencia: publicar ingresos de temporada, detallar gastos, licitar obras. Necesita que la coparticipación deje de ser un concepto abstracto y se convierta en ripio, en luz, en salud.
Hoy la única política pública visible es el abandono. Y ese es un agujero negro que se traga el futuro de la villa y la paciencia de su gente.
Luis Mancini
@apenasunperiodista