El gobierno de Trump inauguró este espacio de reclusión el 3 de julio de 2025 sobre la pista del Aeropuerto Dade-Collier. Su rápida apertura provocó el rechazo inmediato de organizaciones de derechos civiles y agrupaciones ecologistas por el trato dispensado a los reclusos.
El caso del argentino Fernando Artese visibilizó la crisis del lugar tras su detención por su estatus migratorio vencido. Luego de que fuera derivado a esta cárcel, su esposa denunció condiciones de frío extremo, duchas forzadas de madrugada y falta de sueño por hambre.
La pareja de Artese criticó los métodos de seguridad y expuso los maltratos diarios. En su declaración sentenció: "Deben caminar con las manos en la nuca para salir de su celda, como si fueran criminales peligrosos. Muchos no cometieron delitos. En el caso de Fernando, creó una empresa y contribuyó al país, pero hoy está encerrado como si fuera lo peor".