Desde la oposición surgieron las primeras reacciones al acuerdo militar, considerado por varios sectores como un nuevo gesto de alineamiento internacional del gobierno de Javier Milei con la administración de Donald Trump. No es la primera vez que el Presidente se pone a disposición del país del norte ya que desde el inicio de su gestión, el libertario profundizó los lazos políticos y militares con la Casa Blanca.
Como su viaje a Tierra del Fuego donde se reunió con la entonces jefa del Comando Sur, Laura Richardson, y más tarde recibió a su sucesor, Alvin Holsey. También, a fines de abril, Milei visitó el portaaviones USS Nimitz, desplegado frente a las costas de Mar del Plata en ejercicios coordinados entre ambas fuerzas navales.
Las críticas al acuerdo militar con Estados Unidos señalaron el riesgo de ampliar la presencia norteamericana en una zona estratégica por sus recursos naturales y su proyección hacia la Antártida, además de reavivar el debate sobre una posible base conjunta en Ushuaia.
El tema también se cruza con los reclamos históricos de las Fuerzas Armadas por la falta de equipamiento y capacidades perdidas, mientras que desde el oficialismo defienden la iniciativa como un refuerzo de la seguridad marítima y la oposición la denuncia como una mayor dependencia y una amenaza a la soberanía argentina.