"Ver la carita de los chicos cuando se sumergen en una historia no tiene precio. Este espacio no solo alimenta el cuerpo, también el alma, y que el municipio traiga los libros acá es un mimo enorme", destacó Soledad López, encargada del comedor.
Por su parte, Cristal Cabral, lectora voluntaria, nos transmitió la magia de la experiencia:
"La lectura abre puertas, despierta la imaginación y les demuestra que hay un mundo infinito por descubrir. Hoy nos fuimos con el corazón lleno".
Una apuesta firme que demuestra que la cultura y la solidaridad caminan de la mano en cada rincón de nuestra comunidad.
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