En efecto, los mandatarios que el martes asistieron a la jura de Santilli se mostraron conformes con la salida de Adorni, pero evitaron dar definiciones sobre el apoyo a la reforma electoral. En parte porque especulan con la imagen de Javier Milei y, en parte, porque usarán la desesperación del Gobierno para negociar en un contexto en el que la asfixia a las provincias no merma.
Además de sus aliados del PRO y la UCR, el Gobierno deberá buscar apoyo en las fuerzas provinciales en el Congreso. Según pudo reconstruir este diario, el bloque Innovación Federal, que nuclea a misioneros y salteños con ocho legisladores, estaría dispuesto a acompañar. Este bloque quiere reintroducir la discusión por Ficha Limpia y tiene diálogo y ascendencia sobre los movimientos de tucumanos y catamarqueños, aunque, por ahora, Osvaldo Jaldo —y solo por ahora— se ha pronunciado en contra.
Otro bloque intermedio es Provincias Unidas. Desde este espacio adelantaron que los gobernadores Llaryora y Pullaro “no quieren suspenderlas”. Sin embargo, el cordobesismo “dará lo que no tiene para que los libertarios no le planten un candidato”, dijo un conocedor de esa provincia a Página/12. Los cinco radicales de esa fuerza también quieren “que quede la ley 2009”.
La UCR es fuerte en el Senado. Con diez legisladores, su decisión será clave para determinar la suerte del proyecto del oficialismo. Aquí entra la promesa de una lista colectora para que puedan integrarse a La Libertad Avanza. Mauricio Macri también activó las negociaciones con el radicalismo y se entusiasma con la reedición de Juntos por el Cambio. “Habrá que ayudarlo”, se divierten en el peronismo, aun cuando la eliminación de las PASO podría dejarlos sin instrumentos para zanjar su propia interna. La ingeniería electoral indica que el que divide a su adversario gana.