Luego de la guerra de Malvinas, una serie de acuerdos entre Argentina y Gran Bretaña establecieron el cese formal de las hostilidades y permitieron restablecer las relaciones entre los dos países. Se trata de los Acuerdos de Madrid I y II, que permitieron reanudar las comunicaciones formales entre las fuerzas armadas para evitar accidentes en las zonas de contacto directo (Acuerdo I). Con el Acuerdo II fue creado un Sistema de Información y Consulta Recíproca, que obliga a las armadas y fuerzas aéreas de ambos países a notificarse anticipadamente cuando una unidad militar opera o transita en zonas sensibles del Atlántico Sur, fijando sistemas de enlace permanentes para evitar “errores de cálculo” o incidentes de combate.
Al no informar anticipadamente sobre el paso del buque, las autoridades británicas incumplieron los Tratados de Madrid.
Para algunos observadores, el cruce sin aviso del patrullero inglés por aguas argentinas constituyó una provocación de gravedad institucional y militar. No menos preocupante resulta que, una vez en Chile, una comitiva británica se reuniera en el buque con oficiales de la armada chilena, en el marco de lo que definieron como “esfuerzos conjuntos para fortalecer la colaboración bilateral en materia de defensa y seguridad”. Esto indicaría que Gran Bretaña no utiliza la Patagonia chilena solamente para reabastecer de combustible sus naves, sino que busca que el vecino país le haga de soporte para reparar y sostener su flota de ocupación en el Atlántico Sur sin necesidad de navegar los 12.000 kilómetros que lo separan de Europa.