La competencia con los productos importados es otro golpe. Con precios mucho más bajos, las familias eligen cantidad por sobre calidad. “Los gastos se fueron muy arriba y nosotros tenemos que mantener los precios para que la gente pueda comprar”, señaló el comerciante. Hoy trabaja junto a su hija, cuando antes tenía cinco empleados. “Usamos los ahorros para sostener el local”, agregó.
El panorama se repite en los grandes centros urbanos con comercios sin ventas, locales cerrados y trabajadores que se reconvierten para resistir. “Los impuestos nos matan, el alquiler también, no te rinde el negocio”, se lamenta. La sensación de frustración se mezcla con la política: “Yo creí en Milei, lo voté y después me convencí de que cometí un error. Siento que es una mentira”.
Los datos del sector confirman la crisis: la producción textil cayó más de 30% interanual, la capacidad instalada se desplomó y el empleo formal perdió miles de puestos. Mientras tanto, las importaciones de ropa crecieron más de 180% en el último año, inundando el mercado con precios imposibles de igualar para la industria nacional.
Mientras el Gobierno de Javier Milei habla de recuperación y blanqueo de dólares, en la calle los comerciantes venden tres prendas por día, cierran locales y reducen personal. La crisis textil expone la brecha entre los números macro y la vida cotidiana donde muchos argentinos sienten que el dinero no alcanza y que el consumo se derrumba.