La comparación histórica es todavía más incómoda para la proclamación del éxito económico de Milei. El nivel de actividad es semejante al del segundo trimestre de 2022, hacia el final de la recuperación pospandemia, y apenas 1% superior al del último trimestre de 2017, antes de la crisis final de Macri. Con una población mayor, un Producto Interno Bruto casi inmóvil implica menos producción por habitante.
Las revisiones de las proyecciones de crecimiento son elocuentes. El Gobierno apostaba a una expansión de 5% para este año, pero los participantes del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de agosto, publicado por el Banco Central, proyectaron un crecimiento de apenas 2,1% para 2026. En apenas un mes recortaron 0,6 puntos porcentuales la estimación de julio, que era de 2,7%. La inversión tampoco respalda la promesa de un despegue generalizado. El CEPA señala que la formación bruta de capital fijo cayó 11,6% interanual en el primer trimestre de 2026, después de retroceder 2,6% en el último de 2025.
El verso libertario consiste en llamar estabilidad al resultado de mirar una sola parte de la economía, como la inflación que, además, es trucha. Caputo administra el riesgo del dólar mientras la sociedad afronta el costo de esa defensa. Para quien perdió el trabajo, debe endeudarse para pagar la comida, reducir la producción o directamente cerrar la fábrica o el comercio, el colapso no está esperando una devaluación. Con el verso de la estabilidad económica de Milei distrayendo, la crisis ya llegó para la mayoría de la población.