Mientras tanto, la comunidad busca hacer pie para reconstruirse. Los comerciantes que cuestionaron al gobierno por la falta de asistencia afirman que la ciudad “viene enfrentando las consecuencias acumuladas de dos graves tragedias” y remarca que a ese escenario se le suma una “compleja situación económico-social” que impacta en las pequeñas y medianas empresas, “muchos de los cuales realizan un enorme esfuerzo para sostener sus puertas abiertas, conservar fuentes de trabajo y desarrollar su actividad”.
Soledad Herrero, la jubilada que apenas pudo salvar unas pocas pertenencias cuando bajó el agua, recibió ayuda de fundaciones y ONGs que le donaron una heladera y muebles. “Son cosas básicas, otras me las prestaron, porque no puedo comprar nada”, lamenta la mujer.
“Me cuesta mucho, soy jubilada y no me alcanza. Tengo que vivir así, estos son los últimos años de mi vida y quería disfrutar un poco, pero es muy difícil”, lamenta con angustia. Aure coincide: “Es un acto de injusticia que no nos hayan otorgado los subsidios”.