En2016, en diálogo con el periodista Germán Arrascaeta de La Voz, el músico aseguró que pese a su relación íntima con el acordeón, no sentía dependencia de su instrumento.
“Tocar es una necesidad regulada por mis momentos de descanso. Soy como un deportista: si no tengo energías, no me exijo. No bebo (en realidad, me tomo un vaso de vino al mediodía y otro a la noche, a la hora de la cena), no fumo y como para sustentarme, no para engordar. Intento que mi organismo funcione bien, tomo remedios caseros, trato de evitar el estrés”, explicaba.
“El acordeón no es mi salvavidas, sino parte de mi vida”, definía. “Lo estudio, entonces… A las 7 de la mañana, muy lentamente, empiezo a hacer ejercicios con las manos, trato de no hacer un esfuerzo físico desmesurado, regulo la respiración, el impulso del fuelle…“, comentaba sobre un ritual que lo definió durante buena parte de sus 87 años de vida.