Durante el acto, la música se coló entre los discursos. Primero, la Orquesta Juvenil Eva Perón del Ipem N° 5, junto a la Red de Orquestas Barriales -enorme trabajo de militancia cultural y territorial que, superando todas las limitaciones materiales, acerca la música a niños y niñas de barrios populares de Córdoba- puso a más de 30 pequeños músicos en escena. Al terminar su actuación, Gieco se acercó y saludó sonriente a los chicos de la orquesta. Luego fue el turno de La Otra Orquesta, dirigida por el propio José López.
El final fue a pura emoción cuando entró al escenario Raly Barrionuevo, quien arrancó diciendo que León Gieco fue “lo más parecido a un padre, no solo en la música: en la vida”. El músico santiagueño, afincado en Córdoba desde hace muchos años, conmovió al relatar que luego de girar un año con la banda de León Gieco le dijo a la pasada que era una lástima que la gira no hubiera llegado hasta algún lugar con playa ya que no conocía el mar. “Meses después me llamó Gustavo, su manager, para decirme que León quería que fuera a una gira. Y fui a esa gira… que empezaba en Mar del Plata. Fuimos juntos a ver el amanecer en el puerto. Casi como en el cuento de Eduardo Galeano ‘Ayúdame a mirar’, puedo decir que cuando León me mostró el mar, me mostró una puerta. Y del otro lado de esa puerta estaba el resto de mi vida. Gracias León”, dijo un emocionado Barrionuevo.
Con la sala a punto caramelo, Barrionuevo tocó fragmentos de “Hombres de hierro”, “Río y mar”, “Todos los días un poco” y “Don Sixto Palavecino”. A esa altura todos sabían para quién era el micrófono disponible al lado de Raly. Gieco se paró, acomodó su guitarra y su armónica y a dúo repasaron el repertorio de himnos: “Cachito, el campeón de Corrientes”, “El país de la libertad”, “La memoria”, “El fantasma de Canterville”, “La cultura es la sonrisa” y “Cinco siglos igual”.
Pero antes de la última canción, la que todos esperaban, Gieco dio un último mensaje a modo de prólogo: “Por la paz sin banderas, que hay muchos genocidas dando vueltas por ahí. Los cinco países que más hablan de paz son los que fabrican las armas”. Terminó de decir eso y con su guitarra, su voz y su armónica solo le pidió a Dios.