En otras palabras, mientras Milei se prepara para mostrarse sonriente junto a Trump y celebrar unas nuevas "relaciones carnales" con EEUU, la dinámica comercial parece favorecer a China, que accede a soja más barata en detrimento de los productores locales norteamericanos.
La tensión se expresa en dos planos. En lo interno, el Gobierno argentino enfrenta la presión de explicar qué compromisos asumió para acceder al salvataje. En lo externo, la administración Trump busca contener el malestar de los lobbies agrícolas en plena campaña electoral, mientras intenta exhibir a Milei como aliado estratégico en América Latina.
Así, la visita de octubre será más que una simple foto protocolar. Para Milei, será la oportunidad de reafirmar el respaldo de Washington en medio de una economía convulsionada. Para Trump, en cambio, significará un delicado equilibrio: respaldar a un socio político en el Cono Sur sin profundizar la brecha con los productores rurales de su propio país, que ven en la soja argentina un nuevo factor de competencia.