En los medios europeos sostienen que, al menos hasta ahora, la convocatoria de Trump orilla el fracaso. Esencialmente porque se trata de una propuesta que trata de agrupar a Occidente, en teoría frente a China o Rusia, pero que es desechada por el momento por la casi totalidad de los países relevantes de Occidente. En el escenario estuvieron los reyes o cancilleres de Arabia Saudita, Jordania, Qatar, Bahrein, Marruecos, Emiratos Arabes; países con pocas credenciales democráticas de Africa y Asia, como Bielorrusia, Azerbaiyán, Kazajstán, Uzbekistán, Indonesia, Turquía, Pakistán, Egipto, Armenia y Vietnam, mientras que de Occidente estuvieron sólo Hungría -el único de Europa- Argentina y Paraguay. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, decidió no hacerse presente porque rige una orden de captura de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Fuera del organismo quedó toda Europa, Canadá, China, Rusia, India, Brasil, México, Sudáfrica y buena parte de los países del mundo. La mayor desconfianza tiene que ver con que se considera al Board una competencia desleal de la ONU. De hecho, de los países integrantes del Consejo de Seguridad no fue ninguno, salvo Estados Unidos, claro está.
La organización Human Rights Watch sostuvo que se armó el Board para eludir a la ONU y, en especial, a los parámetros de respeto a los derechos humanos que tiene Naciones Unidas.
Desconfianzas e ilusiones
Tras la firma del documento constitutivo, tomó la palabra Kushner, el yerno de Trump, casado con Ivanka, la hija del presidente. Kushner está al frente de Affinity Partners, que es un fondo de inversión que maneja dinero principalmente de Arabia Saudita y otros inversores de Medio Oriente. Lo impactante es que Kushner no tiene cargo ni función alguna en el gobierno de Washington.
Básicamente lo que explicó Kushner en su alocución fue cómo se reconstruirá Gaza desde el punto de vista arquitectónico. Exhibió distintas imágenes y planos en los que explicó cómo se van a construir infraestructuras de un puerto, un aeropuerto, instalaciones industriales y turísticas, en un territorio que está sobre el Mar Mediterráneo. El inicio sería por Rafah, en el sur de Gaza, y la idea sería ir avanzando hacia el norte.
El plan sería impactante si no se tratara de una zona de conflicto dramático, con una matanza de israelíes perpetrada por Hamás el 7 de octubre de 2023 y una represalia feroz e indiscriminada, con miles de muertos palestinos, por parte del gobierno de Netanyahu. Y sería un plan de máxima importancia si tuviera el respaldo multilateral de Naciones Unidas y no únicamente de Trump, aliado de Netanyahu. El punto de partida no es sencillo: se exige la desmilitarización de Hamas, algo resistido por la organización palestina. El primer punto de desconfianza es que todo se haga favoreciendo más a Israel que a los palestinos, pero también es cierto que la derecha israelí desconfía igualmente porque quiere un virtual desplazamiento de los palestinos.
El otro punto de desconfianza, mencionado en los medios europeos, es que podría tratarse de un gigantesco negocio inmobiliario monopolizado por el presidente de Estados Unidos. Justamente el New York Times acusó este martes a Trump de haber hecho negocios desde la presidencia, acumulando, en un año, 1.400 millones de dólares para su fortuna personal.
Y el tercer elemento de desconfianza tiene que ver con el supuesto siguiente paso del Board: Ucrania. Se dice que en la organización que arrancó este martes podría estar Rusia, pero no Ucrania. Eso levanta las suspicacias de los europeos.
Pasajeros de segunda
Según confirmaron varias veces en la Casa Rosada, Argentina no aportará los mil millones de dólares para ser socio de primera categoría del Board. “Hay otros apuros”, reconocieron. De alguna manera se aceptó entonces la oferta de ingresar con una membresía por 3 años, no de manera definitiva. Una especie de promoción.
Todo esto puede ser cuestionado en el Congreso: podría rechazarse ingresar a una organización en la que existen pasajeros de primera y de segunda, que el dinero sea manejado de forma unilateral, la adscripción a una ONU blue o el sometimiento a una especie de autocracia vitalicia de Trump.
El debate en ambas Cámaras sería intenso.
Pero la orden, el mandato de Milei-Quirno, es saltear al Congreso. Como sea.