Otro capítulo sensible fue el de las estadísticas de turismo. Durante la gestión Milei se discontinuaron la Encuesta de Turismo Internacional y la Encuesta de Ocupación Hotelera, luego de que la Secretaría de Turismo decidiera no renovar el convenio de financiamiento con el Indec. A esa decisión se sumó, en 2024, la baja de la encuesta de turismo interno. La interrupción de estos relevamientos se produjo en un escenario adverso para el sector: en octubre, la cantidad de turistas extranjeros cayó 5,9 por ciento, las salidas al exterior crecieron 10,8 por ciento y el déficit turístico alcanzó los 365 millones de dólares.
Las controversias también alcanzaron a la medición de la actividad económica. En septiembre de 2025, el organismo de estadísticas aplicó revisiones inusualmente grandes en la serie desestacionalizada del Estimador Mensual de Actividad Económica. El repunte informado para ese mes se explicó casi exclusivamente por la Intermediación Financiera, cuyo valor agregado se estima a partir del spread de tasas y tiende a sobredimensionarse en contextos de tensión cambiaria, sin reflejar necesariamente mejoras en la economía real. A ese efecto se sumó el fuerte aporte de los Impuestos netos de subsidios, que explicaron 1,87 puntos de un crecimiento total de 5,01 por ciento y alcanzaron una incidencia récord del 23,1 por ciento en el período julio–septiembre.
Según el reporte, la combinación de estos factores infló el nivel del EMAE y permitió sostener la narrativa oficial de ausencia de recesión. Sin embargo, al excluir tanto la Intermediación Financiera como los Impuestos netos de subsidios, el nivel de actividad de septiembre de 2025 se ubica prácticamente en los mismos valores que en noviembre de 2023, al inicio de la gestión.
En conjunto, las polémicas que rodearon al Indec durante la presidencia de Milei no se limitan a discusiones técnicas aisladas, sino que configuran un cuadro más amplio de tensiones entre metodología, comparabilidad histórica y uso político de las estadísticas. La salida de Lavagna reabre ese debate en un contexto en el que los datos oficiales siguen siendo una pieza central para interpretar la magnitud del ajuste, la evolución del poder adquisitivo y el verdadero estado de la economía argentina.