No se trata de negar el contexto inflacionario ni las dificultades fiscales. Sí, se trata de evaluar cómo se distribuyen los recursos disponibles del Estado.
Cuando la prioridad salarial del gobierno está en una recomposición dispareja de la estructura política, mientras los trabajadores pierden terreno frente a la inflación y el empleo formal se retrae, la promesa de dignidad salarial queda bajo cuestionamiento legítimo.
La prioridad en la gestión se traduce en números, los datos no son anécdotas: son evidencia de decisiones de política pública. La gestión actual puede argumentar contexto macroeconómico adverso. Es cierto que la inflación fue elevada y que la economía nacional enfrenta desafíos estructurales.
Pero las decisiones sobre cómo distribuir recursos dentro del Estado provincial son decisiones políticas. Cuando esas decisiones amplían la brecha interna en lugar de reducirla, la narrativa de “priorizar a los trabajadores” pierde sustento frente a la realidad económica de las familias chaqueñas.