Por su parte, en el 59% de los casos el cuidado de las personas mayores se resuelve con la familia, conviviente o no (similar a 2024 y 2025). Sin embargo, se registraron importantes descensos en las alternativas que implican compartir el cuidado: la asistencia a centros de día cayó del 13% al 0% y la contratación de cuidado pago, del 8% al 5% de empleadas de casas particulares y del 14% al 11% la de cuidadores domiciliarios.
“Cuando se consulta sobre qué se necesita para cuidarlos, las respuestas indicaron mejores ingresos y más cuidados domiciliarios (26%). En los ingresos hace mella la no actualización del bono de la jubilación mínima desde marzo de 2024”, remarcaron desde el centro de estudios y agregaron que desde marzo de 2024, solicitaron la Pensión Única del Adulto Mayor (PUAM) unas 97.700 personas, pero un 57% de ellas fueron rechazadas (55 mil).
En definitiva, la situación de las personas mayores expone con crudeza el costo social del programa económico en marcha: una generación que trabajó y aportó durante décadas hoy se ve empujada a elegir entre comer, medicarse o pagar un techo. Lejos de tratarse de un deterioro coyuntural, se trata de un proceso de empobrecimiento sostenido que obliga a prolongar la vida laboral, endeudarse para sobrevivir y depender cada vez más de redes familiares también debilitadas. En ese escenario, la pregunta ya no es solo cómo viven los jubilados, sino qué tipo de sociedad construye un país que condena a su vejez a la precariedad.