Como se sabe, y así fue declarado por el titular del bróker de vuelos privados, Agustín Issin, y su empleada, Vanessa, el periodista de la Televisión Pública, Marcelo Grandío, pagó los vuelos en los que Adorni y su familia fueron a Punta del Este y volvieron a Buenos Aires. Vanessa contó que Grandío no queria que se facturaran los vuelos y terminó pagando en efectivo el vuelo de regreso: 3.000 dólares. En algún momento, el jefe de Gabinete sostuvo que la travesía la pagó él devolviéndole después el dinero a Grandío. Todo resultó poco creíble. Y menos creíble es el nivel de vida exhibido: los sueldos de Adorni no encajan con un gasto -ida y vuelta en avión privado por cuatro días- que ni siquiera realizan empresarios muy acaudalados.
El juez Ariel Lijo pidió ahora todas las llamadas entrantes y salientes de Grandío desde 2023. Y, además, el magistrado y el fiscal recibieron 6 contratos de RTA, empresa del Estado, con Imhouse, la productora de Grandío. Tres de entrevistas por televisión, dos de streaming y uno de radio. Son contratos de coproducción, en que buena parte de la publicidad queda para Grandío y, a partir de cierto número, van a medias. Esos 6 contratos fortalecen la presunción del delito de dádivas, ya que Grandío se beneficiaba de acuerdos que, en última instancia, firmaba el propio Adorni.
Y los otros viajes
El juez y el fiscal reiteraron pedidos para que en un plazo de 48 horas se complete la documentación requerida a organismos oficiales y privados: Migraciones, ARCA, la UIF, el Banco Santander y todas las aerolíneas. Pollicita ya tiene mucha evidencia de que Adorni viajó con su familia a un all inclusive de Aruba a fines de 2024. Son gastos exorbitantes que se van sumando y resultan de difícil explicación.
Lo que sí está claro es que el jefe de Gabinete cambió su nivel de vida desde su ingreso a Casa Rosada. Ahora parecería que gasta sumas de privilegio. Diría él mismo “de casta, casta”.