En materia habitacional, se observaron mejoras a lo largo del período, aunque en 2025 se produjo un retroceso. El hacinamiento aumentó del 18,3% al 20,9%, mientras que el déficit de saneamiento pasó del 39,1% al 42%. Estas condiciones presentan fuertes desigualdades según el nivel de ingresos: en los hogares más vulnerables, el déficit de saneamiento alcanza el 57,6%, frente a apenas 3,1% en los sectores medios profesionales.
Algo similar ocurre con el hacinamiento. Un niño de un hogar pobre tiene 12 veces más probabilidades de vivir en esas condiciones. Mientras que en los sectores de menores ingresos el indicador subió del 26,2% al 33,2%, en los hogares no pobres se mantuvo estable en torno al 6,7%.
Por otra parte, el relevamiento también aborda la percepción sobre el estado nutricional. Según los adultos responsables, el 4,1% de los niños presenta exceso de peso y el 3,1% bajo peso. Sin embargo, estos datos contrastan con estadísticas oficiales, que muestran niveles mucho más altos de sobrepeso y obesidad. Las percepciones también varían según el nivel socioeconómico: mientras en los sectores de mayores ingresos se identifica el sobrepeso como un problema, en los más vulnerables predomina la preocupación por la delgadez.
Por último, el informe señaló que el 28,8% de los niños y adolescentes experimentó inseguridad alimentaria en 2025, con un 13,2% en su forma más severa. Si bien estos valores implican un avance respecto de 2024, no logran retornar a los niveles previos a 2017.
La problemática se concentra principalmente en los hogares de menores ingresos, con mayor incidencia en los estratos socioeconómicos bajos y en el Conurbano Bonaerense.