En un contexto donde el mercado laboral se torna menos resiliente, porque la capacidad de absorber a las personas que pierden su empleo se agota paulatinamente, las remuneraciones pretendidas por los propios trabajadores se resienten. El mercado dejó de ser un espacio de promesas de prosperidad y pasó a ser visto como un lugar de “refugio”, transitorio, frente al desamparo de quedar desempleado.
La crisis laboral es sistémica: el número de trabajadores insertos en empleos refugio superó al de desocupados (7,8 contra 7,5 millones de personas, respectivamente) en 2025, cuando en los años ‘90 eran apenas el 25 por ciento (650.000 contra un total de 2,7 millones de desocupados); según puede leerse en el último informe del Programa de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (Cetyd), Universidad de San Martín.
El trabajo independiente, en especial el precarizado, fue el que más creció. Por ejemplo, el comercio minorista de baja escala (venta ambulante o reventa por redes sociales), junto a los trabajadores en apps de delivery o movilidad, que se suman a los oficios tradicionales como albañilería, pintura, plomería, etc.
De acuerdo con el estudio, la situación adquiere otra complejidad porque “se están agotando los empleos refugio” al ritmo que acelera la crisis del aparato productivo. El repunte de la tasa de desocupación al cierre de 2025 (7,5 por ciento) confirma que el sector informal ya no logra asimilar el desplazamiento de trabajadores, lo cual proyecta un incremento del desempleo para 2026.
Tras dos años donde la destrucción del empleo asalariado formal fue amortiguada por un cuentapropismo de subsistencia —impulsado más por la necesidad antes que en la preferencia por la flexibilidad—, esta capacidad de absorción muestra señales de saturación ante una demanda estancada.
El impacto en el sector formal
El crecimiento del empleo informal y de la tasa de desempleo impactan sobre las condiciones de empleo en el sector formal de la economía. El reciente informe del Index del Mercado Laboral, elaborado por la agencia Bumeran, muestra que en los últimos meses se consolidó la caída del salario pretendido por los trabajadores argentinos, y esta tendencia se da con más énfasis entre los puestos con mayor seniority.
Según sus estimaciones, los salarios pretendidos por los argentinos en abril registraron un descenso del -0,09 por ciento, ubicándose en promedio en 1.784.840 pesos por mes. Esto arroja una caída también en términos reales contra una inflación que marcó un 2,6 por ciento en el mismo período.
La tendencia de retracción de los salarios inició en octubre, con una baja de -0,13 por ciento y alcanzó su pico máximo en diciembre con un deterioro del -3,71 por ciento, revelaron.
En los niveles de seniority, la caída en la remuneración pretendida se dio con más fuerza en el sueldo promedio en las posiciones de supervisor y jefe, que fue de 2.407.033 pesos por mes, con un descenso de 7,3 por ciento respecto a marzo. En las categorías semi senior y senior la remuneración pretendida fue de 1.814.084 pesos mensuales, con un aumento de 1,42 por ciento; y en los niveles junior fue de 1.354.695 pesos por mes con un aumento de 1,87 por ciento.
Por género
La remuneración pretendida por las mujeres tuvo una retracción del 1,3 por ciento, mientras que entre los varones la misma aumentó 0,23 por ciento respecto a marzo.
En abril, la brecha salarial según género alcanzó el 9,37 por ciento a favor de los varones. El salario requerido promedio por los hombres fue de 1.822.891 pesos por mes, mientras que el solicitado por las mujeres fue de 1.666.688 pesos mensuales.