En 1976, asumió como director de la revista Gente, uno de los medios cómplices y colaboradores de los delitos que se llevaron a cabo por parte de la Junta Militar tras el golpe de estado.
Incluso, el propio periodista lo reconoció públicamente: “Durante el Proceso tomé una posición muy clara: entendía que había una guerra, y en esa guerra elegí el lugar en donde estaba, que era en contra de la guerrilla. Eso no significa que haya avalado los métodos de la represión. Yo soy responsable de todo lo que salió en Gente durante el Proceso, desde la primera línea hasta la última, nadie me dio instrucciones, nadie me dijo qué tenía que poner y que sacar”.
Uno de los casos más emblemáticos que expone la complicidad y manipulación informativa por parte de esa revista fue el caso de la exlegisladora de CABA, Alejandrina Barry. Su padre había sido secuestrado y desaparecido por la dictadura genocida, en tanto que su madre se había suicidado para evitar ser apresada con vida y torturada en un campo de concentración. Gente, Somos y Para ti publicaron fotos de Alejandrina a la edad de tres años mostrándola como “los hijos del terror”.
Al contrario de lo afirmado por Chiche, se trató de una publicación enmarcada en una operación de “acción psicológica” para encubrir los secuestros, torturas y ejecuciones que eran moneda corriente. Utilizaron la imagen de una niña “huérfana” por decisión de sus padres “terroristas” que se resistieron a caer en manos de la coordinación represiva del Cono Sur, mientras que “otros subversivos salvaron su vida rectificando el camino y entregándose a las autoridades”.
Tras la recuperación de la democracia en 1983, el rol periodístico de Samuel “Chiche” Gelblung fue objeto de fuertes debates y cuestionamientos. Sin embargo, él minimizó las acusaciones sobre su responsabilidad editorial como uno de los comunicadores y colaboradores del discurso del régimen, y optó por un perfil más bajo. Restringió sus apariciones y el nivel de exposición pública que había mantenido en la década anterior.
Posteriormente, Gelblung se reinventó y se convirtió en un pionero en fusionar la política y el espectáculo, que lo llevaron a convertirse en una de las caras más reconocidas del periodismo en televisión y radio.
La muerte lo encontró a sus 82 años, mientras seguía activo con dos programas en vivo al momento de su internación.