Las jubilaciones y pensiones tuvieron una caída menor, del 8,2 por ciento, aunque se trata del componente de mayor peso dentro de la estructura del gasto primario: representaba el 38,1 por ciento en 2023. La menor reducción porcentual de esta partida no implica que haya quedado al margen del proceso de ajuste, sino que su peso presupuestario hace que incluso una reducción real relativamente menor tenga un impacto significativo sobre el conjunto.
El orden cambia cuando se analiza cuánto explica cada partida de la reducción total. Allí las transferencias a empresas públicas y fondos fiduciarios aparecen en primer lugar, con el 23,6 por ciento de la caída real del gasto primario. El IARAF señala que "casi la cuarta parte de la reducción real del gasto primario de la Administración Pública Nacional está explicada por el recorte de transferencias a Empresas Públicas y Fondos Fiduciarios". Las otras transferencias al sector privado explican 14,9 por ciento del recorte total, las ayudas sociales y asignaciones familiares 14,4 por ciento y las transferencias a provincias y municipios 13 por ciento. Los gastos en personal aportan 10,6 por ciento de la reducción y las jubilaciones y pensiones 10,1 por ciento. La obra pública, dentro de bienes de uso, explica 5,2 por ciento; las universidades, 5 por ciento; los servicios no personales, 2,1 por ciento, y otros gastos, 1,1 por ciento.
Está claro que el ajuste no se explica por una sola partida. La reducción se distribuyó entre transferencias a provincias, empresas públicas, subsidios, programas sociales, universidades, salarios e inversión pública, con diferentes intensidades según cada componente.
Ajuste "aguas arriba"
Una de las claves del informe está en diferenciar entre el lugar donde se registra el recorte y el lugar donde finalmente puede materializarse. El Gobierno nacional puede reducir una transferencia sin que, de manera inmediata, desaparezca el gasto que financiaba esa transferencia. La provincia, la universidad o la empresa pública que deja de recibir esos recursos puede decidir mantener el nivel de gasto utilizando fondos propios, endeudándose o reduciendo otras partidas. Por eso, el IARAF denomina a este proceso como un ajuste "aguas arriba". La Administración Pública Nacional reduce primero los recursos que envía a otros actores del sector público y luego esos actores deben decidir cómo absorber la pérdida de financiamiento.
El informe advierte que "la reducción final del gasto consolidado argentino depende del comportamiento de los otros actores". Una provincia que mantenga sus gastos pese a recibir menos recursos nacionales no generará necesariamente una reducción equivalente del gasto consolidado del Estado. Si, en cambio, reduce su gasto en la misma magnitud que cae la transferencia, el ajuste terminará impactando sobre el conjunto de las cuentas públicas. La misma lógica se aplica a empresas públicas y fondos fiduciarios. La Nación no necesariamente reduce de manera directa el gasto que ejecutan esos organismos, sino que recorta los recursos que les transfiere. El efecto final depende de si esas instituciones compensan la pérdida con recursos propios o reducen sus erogaciones.
El resultado es que una parte importante del ajuste puede no aparecer solamente en las planillas de la Administración Pública Nacional. El informe calcula que las menores transferencias a otras entidades del sector público, universidades y provincias explican en conjunto el 42 por ciento de la caída del gasto primario de la APN. Según el IARAF, "si se suman las reducciones de las transferencias corrientes a estos tres actores relevantes, se tiene que el 42 por ciento de la caída del gasto primario de la Administración Nacional se explica por menores transferencias a otras jurisdicciones y entidades del sector público, que deben hacer el ajuste directo de sus gastos, excepto que aumenten su financiamiento propio o que reduzcan otros gastos".
Ese mecanismo permite entender por qué la reducción del gasto nacional no queda limitada a las cuentas de la Nación. Una transferencia que deja de llegar a una provincia puede traducirse en menos obra pública provincial, menores programas, menor contratación de servicios o una mayor presión sobre sus recursos propios. En las universidades, el menor financiamiento nacional puede derivar en una reducción de gastos, en una búsqueda de recursos adicionales o en una combinación de ambas estrategias.
El proceso ocurre, además, en un contexto en el que la recaudación dejó de acompañar las necesidades fiscales del Gobierno. El problema es relevante porque el esquema económico de Milei tiene al resultado fiscal como una de sus principales restricciones: cuando los ingresos tributarios crecen menos que lo previsto, el margen para sostener el superávit mediante mayores ingresos se reduce y el ajuste del gasto pasa a ocupar un lugar todavía más importante. Lla caída de la recaudación esá llevando a una nueva reducción del gasto, en una secuencia donde el ajuste podía afectar la actividad y generar una nueva merma de los ingresos públicos.