A raíz del contenido social de sus letras y su compromiso político, Piero sufrió la censura y debió exiliarse en España a fines de la década de 1970. Con el retorno de la democracia en 1983, regresó al país para reencontrarse con recitales multitudinarios y una vigencia que se mantuvo intacta a lo largo de los años.
En el plano internacional, su labor fue reconocida no solo por su impacto musical, sino también por sus iniciativas solidarias y pacifistas en Colombia y otros países de la región. En los últimos años continuó presentándose en diversos escenarios latinoamericanos mientras su salud se lo permitió.
La noticia de su partida provocó un profundo dolor en el ámbito de la cultura, donde referentes de la música, la política y miles de seguidores se manifestaron en redes sociales para despedir a un creador inoxidable que musicalizó los afectos y las luchas de varias generaciones.