La composición del empleo también se modificó de manera drástica. Con los números del segundo trimestre de 2026, los asalariados registrados representan apenas el 48% de los puestos de trabajo, mientras que los asalariados no registrados alcanzan el 25% y los no asalariados el 27%. En total, los asalariados concentran el 73% de los puestos, pero la porción que corresponde al empleo formal es cada vez menor. El informe del INDEC también revela que la participación de los asalariados en el valor agregado bruto, es decir, en lo que produce la economía, cayó a 42,9% en el segundo trimestre de 2026, una baja de 2,43 puntos porcentuales frente al mismo período de 2025, cuando había sido del 45,4%. Este dato confirma que los trabajadores están recibiendo una porción cada vez menor de la riqueza que generan.
El análisis por sectores muestra un panorama heterogéneo. Las mayores bajas interanuales de puestos de trabajo se registraron en la pesca (-9,4%) y en la industria manufacturera (-3,8% sobre 2.317.000 puestos). También retrocedieron la intermediación financiera (-1,5%), la explotación de minas y canteras (-1,1%), la administración pública (-1,0%) y la enseñanza (-0,6%). Entre los sectores que crecieron figuran el transporte, almacenamiento y comunicaciones (+3,1%), las actividades inmobiliarias (+2,6%), la electricidad, gas y agua (+2,4%) y el comercio (+1,7%). Precisamente, el comercio es el sector con más puestos de la economía, 4.312.000, pero 1.021.000 de ellos son asalariados «en negro», lo que refleja la magnitud de la informalidad en la principal actividad empleadora del país.
Desde el Gobierno nacional sostienen que el mercado laboral no se está achicando, sino que se está expandiendo. En un discurso ante empresarios de Estados Unidos, el presidente Javier Milei planteó: «Con toda la reasignación de recursos, ¿qué pasó con el nivel de empleo? Bueno, miren, la tasa natural de desempleo histórico en Argentina está en torno al 10%. Hoy está debajo del ocho, con lo cual Argentina tampoco tiene un problema con el empleo».
Sin embargo, en febrero, cuando se aprobó la Ley de Modernización Laboral en la Cámara de Diputados, el presidente Milei firmó un comunicado en el que celebraba la decisión legislativa: «La aprobación de esta ley significa creación de trabajo registrado, menor informalidad, normas laborales adaptadas al siglo XXI, menor burocracia, mayor dinamismo en las relaciones laborales», enumeró y luego insistió en que el centro de la reforma era este: «Con esta reforma, se promueve un entorno que facilite la contratación, impulse la inversión y permita que el empleo registrado vuelva a expandirse en todos los sectores de la economía, generando más y mejores puestos de trabajo formales». El resultado fue el contrario.