La inversión es otro de los termómetros del enfriamiento sectorial. Apenas el 19% de las empresas prevé realizar inversiones durante el cuarto trimestre, una caída de 14 puntos porcentuales respecto del 33% que proyectaba invertir en el trimestre anterior. El 81% restante no tiene planes de expansión, y las firmas identifican la caída de las ventas y la incertidumbre económica y política como los principales factores que condicionan sus decisiones. La capacidad ociosa refleja el mismo cuadro: el 65% de las compañías operó con hasta el 60% de su capacidad instalada durante el tercer trimestre, evidenciando una estructura productiva que trabaja muy por debajo de su potencial.
Las expectativas para el cierre del año son igualmente conservadoras. Para el cuarto trimestre, el 62% de las firmas espera mantener sus niveles de actividad, el 23% proyecta aumentarlos y el 15% anticipa una disminución. En cuanto a las ventas, el 54% no espera variaciones, el 23% prevé una mejora y otro 23% un retroceso. La demanda interna tampoco ofrece señales alentadoras: el 66% no aguarda cambios, el 15% proyecta un incremento y el 19% una disminución, lo que confirma que las empresas no identifican señales generalizadas de recuperación del mercado.
El panorama de la industria electrónica es el reflejo de un modelo económico que, lejos de reactivar la producción, profundiza la recesión en sectores estratégicos. Con ocho de cada diez empresas sin planes de inversión, un tercio de las compañías despidiendo personal y dos tercios operando con más de la mitad de su capacidad ociosa, el sector enfrenta un círculo vicioso del que no encuentra salida. La caída de las ventas, la incertidumbre política y la falta de condiciones para planificar a mediano plazo configuran un escenario donde la recuperación no aparece en el horizonte y donde cada trimestre que pasa deja secuelas más profundas en el entramado productivo y en las fuentes de trabajo.