Milagros Acosta, docente de nivel inicial, feminista y coordinadora de la Red de Jóvenes Federal de Católicas por el Derecho a Decidir, atravesó un momento de confusión y contradicción similar, pero desde el catolicismo. Durante la llamada marea verde era catequista, participaba activamente en la Iglesia y estudiaba para convertirse en docente. Tenía la convicción de que era necesario acompañar a las mujeres en sus decisiones, pero en algunos espacios religiosos el feminismo era presentado como algo incompatible con la fe. “Recuerdo que fue una etapa en la que atravesé una contradicción enorme y muchos cuestionamientos personales. Hasta que encontré a otras mujeres que también eran católicas y feministas, que defendían el derecho a decidir y que demostraban que era posible habitar ambas identidades. Eso me permitió descubrir que no tenía que elegir necesariamente entre mi fe y mis convicciones feministas”, cuenta.
Tanto Santa Cruz como Acosta destacan que la posibilidad de revisar la tradición y sus creencias se hizo posible a partir del encuentro con otras mujeres, de nuevas lecturas, como Jesús y las mujeres y Eso decido yo, y de espacios colectivos donde las preguntas podían formularse desde un lugar más humano. En ese sentido, Santa Cruz advierte que las instituciones religiosas todavía tienen dificultades para abordar cuestiones vinculadas con la sexualidad, la anticoncepción, el aborto y las desigualdades de género: “Dentro de nuestras iglesias estamos repletas de situaciones de vulneraciones, de abusos, de cuestiones que no se hablan y que, en vez de prevenir, terminamos curando cosas mucho más complejas”.
Acosta agrega que las diferencias no deben ocultarse en nombre de una supuesta unidad, pero que sí es posible construir espacios de conversación y trabajo colectivo. Su experiencia en Católicas por el Derecho a Decidir le permitió encontrar argumentos desde la teología, los derechos humanos y las experiencias de las mujeres para cuestionar prejuicios. “Muchas veces, a través del diálogo, descubrimos que tenemos más puntos de encuentro de los que imaginábamos, especialmente cuando hablamos de libertad, justicia, dignidad humana y derechos. Por supuesto que existen diferencias y tensiones, pero en un contexto social tan complejo como el que atravesamos, es mucho más importante reconocer aquello que nos une y construir espacios donde podamos encontrarnos y trabajar colectivamente”, señala.