El problema central es que Caputo mezcló dos planos distintos: la confianza institucional y técnica del Indec, y los precios de un activo financiero que responde a expectativas inflacionarias.
Pensar que la suba de los CER significa que el mercado aprueba el índice es, en el mejor de los casos, una suposición que no se puede probar.
En definitiva, el ministro buscó defender el viejo índice mostrando respaldo del mercado, pero terminó usando la herramienta equivocada para justificar la decisión. La discusión real sigue siendo sobre la credibilidad del Indec, el cumplimiento de las reglas y la transparencia de las estadísticas. Su defensa política quedó clara; su explicación económica, no.