La elección del nuevo presidente en el Congreso, que se prolongó por cuatro horas, comenzó con la legisladora María del Carmen Alva, del partido de derecha Acción Popular, como la favorita. El fujimorismo en bloque y otros congresistas de la coalición de derecha y ultraderecha habían anunciado su voto por ella. Ingresó pensando que saldría como presidenta y se fue con las manos vacías. Su derrota es también la derrota del fujimorismo.
Los anticuerpos que Alva se ganó entre los legisladores, incluidos muchos políticamente cercanos a ella, con sus actitudes prepotentes, soberbias y racistas cuando fue presidenta del Congreso entre 2021 y 2022, le pasó factura. Con la votación quedó claro que buena parte de los parlamentarios de la coalición de derecha y ultraderecha, de la que ella es una de sus más notorias integrantes, le dieron la espalda, prefirieron votar por Balcázar, de un partido que se llama de izquierda y al que combatieron, pero que ha dado pruebas de sus coincidencias con esa coalición derechista.
El expresidente Jerí, que abandonó Palacio de Gobierno en la noche del martes después de su destitución, está habilitado para retomar sus funciones como congresista, pero no asistió al Parlamento para votar en la elección de su remplazante. Este miércoles la fiscalía ingresó a Palacio de Gobierno –antes que asuma el sucesor de Jerí- como parte de las diligencias de investigación al exmandatario por tráfico de influencias y patrocinio ilegal por contrataciones irregulares durante su gobierno y sus reuniones secretas con empresarios con millonarios contratos con el Estado. A esto se suma que se podría reabrir la denuncia penal en su contra por violación sexual que fue archivada, en una decisión fiscal muy criticada, en agosto de 2025 cuando era presidente del Congreso.
Jerí mira ahora con preocupación los procesos judiciales que debe enfrentar y la posibilidad de convertirse en un nuevo inquilino de Barbadillo, la cárcel de los expresidentes.