A ello, se suma la poca muñeca para las relaciones internacionales que caracterizan al gobierno de Milei que prioriza una ideologización extrema para las relaciones exteriores y que la flexibilización en los controles puede ser la excusa perfecta de los países importadores para cerrar el ingreso de los productos argentinos.
En paralelo, crece la presión para que el Senasa informe qué falló en los casos recientes y qué medidas se adoptarán para evitar nuevos rechazos. La preocupación ya no es sólo comercial sino también institucional: la sanidad agroalimentaria es, por ley, una responsabilidad indelegable del Estado, mal que le pese a Hayek, Rothbard o Huerta de Soto.
Sin embargo, la flexibilización de los controles no solo es una cuestión del comercio exterior. En Rosario detectaron niveles excesivos de agroquímicos en frutas y verduras, lo que encendió alertas también en el mercado interno y reforzó la preocupación por los controles sanitarios a lo largo de toda la cadena.