De todos modos, el gobierno de Milei -quien se confiesa admirador de Margaret Thatcher- mantiene la formalidad del reclamo por Malvinas. Dos semanas atrás, el canciller Pablo Quirno participó tanto de la sesión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas como de la Asamblea General de la OEA, ámbitos que emitieron sendas declaraciones en respaldo de la posición argentina y reclamaron al Reino Unido que retome las negociaciones, tal como establecen las resoluciones de la ONU. Ese respaldo fue posible por la colaboración de países aliados, pese a los reiterados gestos de una política exterior alineada de manera incondicional con Estados Unidos e Israel, en tensión con las líneas históricas de la diplomacia argentina.
Pero esa formalidad no está acompañada de una política activa en favor del reclamo por Malvinas ni de una estrategia para llevar la posición argentina a otros foros internacionales, como ocurrió, por ejemplo, durante los gobiernos kirchneristas. Esa pasividad se combina, además, con gestos de distensión hacia el Reino Unido, como quedó expuesto con la incursión del HMS Medway de la semana pasada, que coincidió con la confirmación del viaje de Milei a Londres, una vieja aspiración del Presidente. Dos años atrás, cuando el ex primer ministro Boris Johnson visitó Buenos Aires, Milei lo llevó al balcón de la Casa Rosada y le comentó su deseo de viajar a Inglaterra. También le habló de otra de sus aspiraciones personales: conocer allí a Mick Jagger, uno de sus ídolos.
Desde Presidencia confirmaron los viajes previstos por Milei hasta fin de año y entre ellos se destaca el que realizará al Reino Unido en el marco de la “Argentina Week in London”, similar a la que ya se hizo en Nueva York. Será la primera visita oficial de un presidente argentino desde la que realizó Carlos Menem en 1998. Luego, Néstor Kirchner viajó en 2003 en el marco de una cumbre progresista y Cristina Kirchner en 2009 para participar de una reunión del G20, pero en ninguno de los dos casos se trató de una visita de Estado. Todavía no está claro quién ocupará para entonces el cargo de primer ministro británico, luego de que Keir Starmer anunciara su dimisión. Por otro lado, el líder de ultraderecha Nigel Farage, con quien Milei planeaba encontrarse, busca desmarcarse de una investigación parlamentaria por haber recibido seis millones de euros de un empresario vinculado al mundo cripto.
Meses atrás, una filtración del Pentágono dio cuenta de la supuesta intención de Donald Trump de revisar el apoyo diplomático de la Casa Blanca a la soberanía británica sobre Malvinas, molesto por la falta de colaboración de Starmer. Sin embargo, el secretario de Estado, Marco Rubio, luego relativizó esa posibilidad. En Cancillería explicaban que la visita a Londres se haría bajo la lógica del “paraguas” que en su momento utilizó el menemismo: un vínculo bilateral en el que la cuestión Malvinas quede fuera de la agenda, pese a tratarse del principal conflicto histórico de la política exterior argentina.