Aníbal tiene 49 años y se acercó a la marcha por la preocupación que le genera ver a su entorno endeudado. “Yo trabajo de manera formal, intento no endeudarme, pero me privo de muchísimas cosas, yo y mis hijos. No es lógico ni justo”, dijo el hombre.
Cerca de él estaba Liliana, de 73 años, que trabajó toda su vida y se jubiló como monotributista tras pasar años en su consultorio de psicóloga. “Mi hijo es docente, alquila y es padre. Ya está, no llega nunca a fin de mes”, contó la mujer. “El otro día me decía que iba a sacar un préstamo y le pedí que se fije bien, que intente evitarlo. Y hay algo peor: trabaja todo el día. Cuando llega, su hija está dormida. Si no nos dan de comer y la plata no alcanza, no podemos ni estar con nuestras familias”, agregó y dejó en evidencia los costos del modelo libertario: sin comida, con deudas y sin tiempo para los afectos.