Además, agosto fue el peor agosto de los últimos diez años, con la única excepción de 2020, cuando la economía todavía estaba atravesada por la pandemia. El serrucho tiene algunos dientes hacia arriba, pero sigue bajando la escalera.
La composición sectorial muestra con mayor crudeza esa fragilidad. En los primeros ocho meses del año solamente cuatro de las 16 grandes divisiones industriales crecieron, una quedó prácticamente estable y once retrocedieron. Refinación de petróleo avanzó 9,1%; química, 5,8%; madera, papel y edición, 4,1%; y tabaco, 2,2%. En la otra punta, maquinaria y equipo cayó 20,9%; textiles, 20,8%; equipos, aparatos e instrumentos, 19,3%; indumentaria, cuero y calzado, 14,4%; y automotores, 10,3%.
Los números del INDEC muestran incluso algunos derrumbes difíciles de disimular dentro del promedio. En agosto, maquinaria y equipo cayó 24% interanual; prendas de vestir, cuero y calzado, 14,7%; productos de metal, 9,6%; textiles, 9,4%; automotores y autopartes, 8,8%; caucho y plástico, 7%; y minerales no metálicos, 6,8%. Once de las 16 divisiones manufactureras tuvieron caídas contra un año atrás.
Para I+D, detrás de esos números funciona un "darwinismo económico inducido". La consultora señala que los precios industriales aumentaron 8,3% entre enero y agosto, contra una inflación general de 15,5%, mientras los servicios subieron 21% y la energía eléctrica 41%, medidos en dólares.
La combinación deja a las empresas atrapadas entre costos que avanzan y una demanda interna demasiado débil para trasladarlos a precios. El resultado es menor margen, pérdida de capital de trabajo y menos capacidad para invertir y sostener empleo.
El mercado laboral completa el cuadro. En junio se perdieron otros 2.561 empleos industriales registrados y la caída de los últimos doce meses llegó a 51.810 puestos. I+D proyecta que 2026 podría terminar con 50.000 empleos industriales directos menos y alrededor de 90.000 si se incorporan los indirectos.
Durante el primer semestre también desaparecieron más de 1.600 empresas industriales y la consultora calcula que la pérdida podría rondar las 3.000 compañías al terminar el año.
La discusión excede a la industria. Martín Rapetti, director de Equilibra, planteó este miércoles que el crecimiento agregado esconde dos economías muy diferentes. "Si se saca el agro, la energía y la minería, el PBI está más bajo que en 2023", afirmó. El economista resumió la brecha con otra comparación: si Argentina fuera Neuquén podría hablarse de un "milagro económico", pero el país es bastante más grande.
La observación de Rapetti toca uno de los puntos sensibles del esquema económico. Agro, minería y energía tienen capacidad de generar dólares, exportaciones e inversiones, pero no alcanzan por sí solos para arrastrar al conjunto de la economía.
Equilibra ya había calculado que, mientras esos sectores primarios crecieron 11,7% durante los primeros siete meses de 2026, el resto de las actividades acumuló una variación de exactamente 0%.
I+D detecta una fractura parecida incluso alrededor de las grandes inversiones. Las importaciones realizadas por doce empresas vinculadas al RIGI alcanzaron un récord de USD 139,9 millones en agosto.
Al mismo tiempo, la producción metalúrgica cayó 6,1% interanual y retrocedieron incluso proveedores ligados a los sectores que más crecen: minería cayó 3,4%, petróleo y gas 4,5% y la cadena agrícola 6,5%.
Por eso, el 1,9% de la industria y el 0,4% de la construcción ofrecen un alivio después del golpe de julio, pero todavía no cambian la historia. Para que agosto marque un piso y no apenas otro diente del serrucho, el repunte tendría que sostenerse durante varios meses, extenderse a las ramas que dependen del mercado interno y, sobre todo, volver a crear empresas y empleo. Hasta entonces, el rebote existe. La recuperación todavía está por verse.