En redes sociales, el funcionario se esfuerza por mostrar su adhesión al canciller Pablo Quirno, a quien acompañó el mes pasado a la reunión de Naciones Unidas en Nueva York. No quiere que le pase lo mismo que le ocurrió a Sotelo, que tenía una pésima relación con Gerardo Werthein.
Desde su cuenta de X, defendió la apuesta madre de la administración Milei para encolumnarse detrás de Estados Unidos: el llamado Escudo de las Américas, la coalición militar que agrupa a las naciones que comulgan con Donald Trump. “El Escudo de las Américas nos protege también de la invasión de la cultura woke”, escribió Caulo, que también catalogó como “organización terrorista” a Greenpeace por protestar afuera del Congreso.
Los halagos no solo son para su jefe. Caulo hace esfuerzos denodados para ganarse la simpatía del Presidente. Lo elogia como un “tipazo” o habla de su “aura”. No esconde su fastidio frente a las críticas que el periodismo hace de la gestión.
En la Iglesia no le atribuyen demasiado poder en la organización de la visita del papa, que se concretará entre el 8 y el 11 de noviembre. Lo ven como un interlocutor formal. El operativo estará en cabeza del Ministerio de Seguridad, que conduce Alejandra Monteoliva, y tendrá su rol la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE). La interlocutora más valorada es Mara Gorini, mano derecha de Karina Milei. Sin embargo, a pesar de no ser quien mueve los piolines, Caulo sabe que está cumpliendo con los objetivos con los que se formó: tiene un lugar desde donde puede incidir.