Las lluvias de los últimos días llevaron algo de alivio, pero no despejaron el panorama. En algunas áreas permitieron frenar el deterioro y ganar tiempo, mientras que otras quedaron al margen de los milímetros y siguen con cuadros comprometidos. El sudeste de Santa Fe continúa siendo el epicentro de la sequía y concentra los mayores riesgos productivos.
El impacto económico empieza a dimensionarse. Con un cuarto de la soja en malas condiciones, el mercado recalcula proyecciones y estima pérdidas de entre 4.800 y 5.000 millones de dólares. No se trata solo de menos toneladas cosechadas, sino también de una caída en la calidad del grano, lo que reduce el valor exportable y achica el aporte de divisas.
El problema excede al campo. La soja es el principal motor del ingreso de dólares y cualquier merma en la cosecha se traslada de manera directa a la balanza comercial y a la recaudación fiscal. En un contexto de fragilidad externa, el deterioro de la campaña agrega presión sobre una economía que necesita cada dólar para sostener la estabilidad.
Aunque los pronósticos climáticos muestran una posible normalización de las lluvias en febrero, la Bolsa de Rosario advierte que parte del daño ya es irreversible.