“La conducción civil de las Fuerzas Armadas es un pilar de la democracia argentina y una conquista institucional de más de 40 años. Designar a militares en la estructura civil desdibuja la necesaria separación entre el poder político y la institución militar, y pone en riesgo el principio de subordinación militar al poder civil. Las Fuerzas Armadas deben estar abocadas a la defensa de la soberanía nacional”, afirma, por su lado, Jorge Taiana, actual diputado nacional y exministro de Defensa.
Semanas atrás, en la misma entrevista en la que dijo haber deportado a 30 mil terroristas, Milei afirmó que había convertido a la Quinta de Olivos en una “base militar” porque tiene “enemigos muy pesados en el mundo”. En la práctica, esto implicó que la Casa Militar se ocupe de tareas que antes hacían civiles, más allá de controlar los ingresos, como hacía con anterioridad. La tarea quedó en manos del coronel Fernando Tereso, número dos de la Casa Militar y hermano de Jorge Tereso, el secretario general del Ejército que fue desplazado por Néstor Kirchner después de que enviara una carta a tribunales pidiendo que los detenidos por crímenes contra la humanidad pasaran Navidad en sus casas.
Para Sabina Frederic, la mayor presencia de militares también se explica por la falta de cuadros propios de LLA. “Están alineados políticamente. Los salarios de todo el personal militar, sobre todo de los retirados, están muy deteriorados. O sea, son fáciles de reclutar”, explica la antropóloga y exministra de Seguridad.
La pregunta para Frederic es qué pueden aportar, por ejemplo, los militares en la SIDE. “Están entrenados en una doctrina de inteligencia que no está actualizada. Sí, tienen formación en operaciones psicológicas o el control de la disidencia”, alerta.